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Orden de Frailes Menores Capuchinos

Custodia San Juan Bautista de Puerto Rico


Fray Jimmy Casellas, OFMCap.

Director Espiritual 

Asociación Misionera Capuchina

Queridos hermanos y hermanas:

¡Que la paz y el bien que emanan del corazón de Jesucristo llenen tu vida y tu persona hoy y siempre!  Seguimos creciendo en número y en calidad. La Iglesia, siempre sabia y madre acogedora, nos invita a mirarnos como lo que realmente somos: manifestación del amor del Padre, en la imagen del Hijo y en la unidad del Espíritu Santo. Es esta Iglesia la que nos entusiasma a vivir lo que Jesús nos anunció: Por tanto, sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mateo 5,48).

El Vaticano ha publicado el Anuario Pontificio de 2015, en el que da cuenta de las últimas estadísticas de la Iglesia, el número de católicos en el mundo y los bautizados en cada país. Los datos disponibles fueron recogidos a finales de 2013. Actualmente hay 1,254 millones de católicos en todo el mundo, 12% por ciento más que en 2005, y representan el 17.7 por ciento de la población global. Por continentes, Europa sigue experimentando un descenso en el número de su población. Sin embargo, los bautizados suman 287 millones, es decir que aumentaron en 6.5 millones con respecto a 2005. En África los católicos aumentaron en 34 por ciento, pasando de 153 millones en 2005 a 206 millones en 2013.

En América (entiéndase Norte, Centro, Sur y el Caribe) los bautizados aumentaron en 10.5 por ciento y en Asia el crecimiento fue de 17.4 por ciento. Los católicos representan el 63 por ciento de la población americana; mientras que en Asia pasaron de ser el 2.9 en 2005 a ser el 3.2 por ciento de la población en 2013. Estas cifras nos llenan de esperanza y confianza. Esperanza en que, si seguimos creciendo en número, significa que serán más los practicantes de los valores y comportamiento cristiano. Confianza en que no será de “nombre” el aumento del catolicismo sino por convicción “de corazón”. En igual proporción la santidad sigue creciendo también. Más de mil nuevos beatos y santos han subido a los altares en los más de 20 años de Pontificado de San Juan Pablo II. Un número que supera con creces a las beatificaciones y canonizaciones de todos los Papas anteriores. Entre ellos está nuestro Padre Pío. Recorramos brevemente la vida de Francesco Forgione.Nació en Pietrelcina, en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, Italia, el 25 de mayo de 1887. Nació en una familia humilde donde el papá Grazio Forgione y la mamá Maria Giuseppa Di Nunzio ya tenían otros hijos. Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el más grande de sus sueños: consagrar totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de 1903, a los dieciséis años, entró como clérigo en la orden de los frailes Capuchinos, adoptando el nombre de Pío.  Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, el 10 de agosto de 1910. Así inició su vida sacerdotal que, a causa de sus precarias condiciones de salud, se desarrollará primero en muchos conventos de la provincia de Benevento.

Estuvo en varios conventos por motivo de salud, luego a partir del 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, donde se quedó hasta el 23 de septiembre de 1968, día de su sentida muerte.  Uno de los acontecimientos que marcó intensamente la vida del Padre Pío fue lo que se descubrió la mañana del 20 de septiembre de 1918 cuando rogando delante del Crucifijo del coro de la vieja iglesia pequeña, el Padre Pío tuvo el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas o las heridas fueron visibles y quedaron abiertas, frescas y sangrantes, por medio siglo. Este fenómeno extraordinario sobre el Padre Pío llamó la atención de los médicos, de los estudiosos, de los periodistas, pero sobre todo de la gente común que, en el curso de muchas décadas, fueron a San Giovanni Rotondo para encontrar al santo fraile. 

Su celo apostólico y sacerdotal le llevaron a consagrar horas interminables en el confesionario administrando este sutil sacramento. Él hacía este trabajo mirando dentro de los penitentes. Por ello, no era posible mentirle al Padre Pío durante una confesión. El veía dentro del corazón de las personas. A menudo, cuando los pecadores eran tímidos, el Padre Pío enumeraba sus pecados durante la confesión. 

El Padre Pío invitaba a todos los fieles a confesarse al menos una vez por semana. Él decía: "Aunque una habitación quede cerrada, es necesario quitarle el polvo después de una semana." 

En el sacramento de la confesión, el Padre Pío era muy exigente. No soportaba a los que acudían a él sólo por curiosidad. Fíjate qué exigente era con el sacramento, con los penitentes y con él mismo. Padre Pío ha llamado la atención en todo el mundo por ser un santo de estos tiempos y por tener una personalidad bien definida y sin remilgos. Ahí está la santidad que nos invita a vivir la Iglesia.

Volviendo a las estadísticas de los primeros párrafos, podemos concluir lo siguiente: estamos deseando ser santos, pero del siglo XXI. Esto no implica que estamos menospreciando la santidad de otros siglos (sería despreciar la santidad de nuestro Padre San Francisco, ¡jamás!), sino estamos adelantando la santificación de nuestra vida, pero a tenor con los avances técnicos, científicos y cibernéticos de las últimas décadas. Observa con detenimiento dónde ha crecido el catolicismo. Son tierras de ciencia, comercio, integración racial y étnica, solución de conflictos y solidaridad con estas respuestas. San Giovanni Rotondo era un pueblucho cuando Padre Pío llegó al convento de los frailes. Hoy día es una ciudad creciente y estable económicamente. Un gran proyecto del santo de Pietrelcina es el Hospital Casa alivio del sufrimiento. Gigantesco hospital que, solamente con los donativos solicitados por Padre Pío, como los que se siguen enviando en su nombre, existe y ofrece servicios gratuitos (en la mayoría de los casos). Siendo uno de los hospitales que reúne los mejores expertos de distintas especialidades médicas, ofrecidos estos servicios de forma voluntaria por los galenos. Te fijas, por dónde va la santidad en nuestros tiempos “mecanizados”.

Únete a los frailes capuchinos en esta novena en honor a Padre Pío, el santo de Pietrelcina, que comenzaremos el día 15 de septiembre concluyendo en la fiesta litúrgica del mismo, el 23. En el talonario adjunto, incluye a todas las personas que te gustaría que Padre Pío “tocara” su corazón para que también sientan, como tú y como yo, el deseo de ser santos y santas del siglo XXI.

Agradeciendo el apoyo económico y espiritual que nos has brindado en estos años, me despido deseando al buen Dios y Padre que derrame sobre ti y los tuyos pacíficas bendiciones. Una última noticia: el pasado domingo 23 de julio, un joven más se unió a nuestra vida capuchina al comenzar su etapa de noviciado. El ahora Fray Ricardo Tardí confía en tus oraciones por su perseverancia y santidad.



Con mis bendiciones,