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Orden de Frailes Menores Capuchinos

Custodia San Juan Bautista de Puerto Rico


Fray Jimmy Casellas, OFMCap.

Director Espiritual 

Asociación Misionera Capuchina

Queridos hermanos y hermanas:

¡Que la paz de Cristo glorioso y resucitado esté contigo hoy, mañana y siempre! Una vez más nos comunicamos contigo para, primero, agradecer tu apoyo espiritual y económico en todas las obras de amor y misericordia que los Frailes Capuchinos llevamos a cabo en Puerto Rico y más allá de nuestros mares. Segundo, para dejarte saber que hemos crecido como comunidad de fe y entrega al recibir dos jóvenes en nuestro programa de formación a la vida capuchina en la etapa del postulantado (segunda etapa del proceso formativo). Tus oraciones están dando grandes frutos. Igualmente, la intervención de las mujeres en la historia sagrada, también ha sido fructífera y digna de emular.


El libro de Judit (se pronuncia Judit, no Yudit pues el inglés como idioma se desarrolló siglos después), contenido en el Antiguo Testamento, ensalza a una mujer, ya que, gracias a ella, a su coraje y valor y también a su astucia, una vez más el pueblo judío vence a sus enemigos. Muestra como Dios, a menudo, escoge a los, aparentemente más débiles, para conseguir los propósitos más difíciles. El autor anónimo quiere preparar al lector y presentarle en los siete primeros capítulos, una serie de actos crueles cometido por los enemigos de los judíos para que sintamos empatía por Judit y así poder justificar los medios cuestionables moralmente que ésta emplea, afín de solvar al pueblo de Israel. Holofernes, el general de Nabucodonosor, es la personificación del mal y de los instintos más perversos, por tanto, es justo, según el narrador, que le ocurra lo que le ocurre al final y es justo que Judit sea la protagonista de la hazaña.


Una pequeña descripción de quién era Judit: “Vivía en su casa Judit, guardando su viudez hacía tres años y cuatro meses. Habíase hecho un cobertizo en el terrado de la casa y llevaba saco a la cintura, debajo de los vestidos de su viudez. Ayunaba todos los días, fuera de los sábados, novilunios, las solemnidades y días de regocijo en casa de Israel. Era bella de formas y de muy agradable presencia. Su marido, Manasés, le había dejado oro y plata, siervos y siervas, ganados y campos, que ella por sí administraba. Nadie podía decir de ella una palabra mala, porque era muy temerosa de Dios” (8, 4-8). El cuadro histórico donde transcurren los hechos que atañen a Judit, refleja una situación de abuso de poder e injusticia con los pobres de parte de Nabucodonosor, rey de Babilonia. Una voz tiene que surgir de entre esa masa deprimida y devaluada sicológicamente para rescatar la dignidad y la espiritualidad de todos. Ahí es que entra valientemente Judit y toma un papel protagónico en su pueblo. Su voz resuena como una campana en el consejo ya que la mujer les recuerda que no hay que perder la esperanza en Dios nunca: “Y ahora, hermanos, mostremos a nuestros conciudadanos que de nosotros pende no sólo nuestra vida, sino que el santuario, el templo y el altar sobre nosotros se apoyan. Demos gracias al Señor, nuestro Dios, que nos prueba igual que a nuestros padres” (8, 24-25). Su oración es de poder y convencimiento: “Haz que todo tu pueblo y cada una de sus tribus reconozca y sepa que tú eres el. Dios de toda fortaleza y poder y que no hay otro fuera de ti que proteja al linaje de Israel” (9, 14). El desenlace de este drama del Antiguo Testamento no es muy sublime que digamos, de hecho, se podría clasificar como trágico.


Pero, mira bien el escenario completo (todo el libro de Judit) y, cual telenovela turca, la heroína es justificada por todos en su acción cruel y justiciera. Culmina Judit decapitando a Holofernes y exhibiendo su cabeza públicamente como notificación y advertencia contra los verdaderamente malvados.


Judit es, pues, el prototipo de heroína salvadora para su pueblo, mujer honesta y virtuosa, cuyo nombre, en realidad significa, ni más ni menos que el femenino de “judío”. ¿Qué tiene que ver Judit en esta novena de la Asunción de la Virgen María? Muchísimo. María se incribe en esta tradición de mujeres judías virtuosas y valientes, creyentes y firmes. Pero, su rol trasciende por mucho el papel que desempeñaron sus antecesoras. Será en la Nueva Alianza que Cristo sella con su sacrificio, la mujer “llena de gracia” y “bendita entre todas las mujeres” al dar a luz al Mesías, el Hijo de Dios. Se inicia una nueva era donde el amor y la misericordia prevalecen sobre el odio y la violencia. María, madre de Jesús y madre nuestra, se convierte en la nueva Eva portadora del Salvador del mundo.


Si estudiamos la historia de la Virgen dentro del plan de la salvación, también ella fue mujer adelantada a su tiempo, arriesgada, sencilla pero decidida, pobre pero rica en gracia. Enfrentó calamidades en su existencia como ser humano que a cualquier otro lo derrotaría a la primera instancia (recordemos la advertencia que le hiciera Simeón: ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! Lc 2, 34-35), madre valiente y judía comprometida. Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a esta pregunta: "La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).


La importancia de la Asunción para nosotros radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección. Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Aunque lo enfoquemos de diversas formas, según la cultura y las creencias que tengamos, aunque lo evadamos en nuestro pensamiento, aunque tratemos de prolongar por todos los medios a nuestro alcance nuestros días en la tierra, todos tenemos una necesidad grande de esa esperanza cierta de inmortalidad contenida en la promesa de Cristo sobre nuestra futura resurrección.


Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María. ¿Por qué se ha logrado colar la creencia en el mito pagano de la re-encarnación entre nosotros? Si pensamos bien, estas ideas extrañas a nuestra fe cristiana se han ido metiendo en la medida que hemos dejado de pensar, de predicar y de recordar los misterios, que como el de la Asunción, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano.


El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Ángeles y Santos del Cielo. El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a aquéllos que hagamos la Voluntad de Dios, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.


Permítenos unirnos a ti en esta novena que comenzaremos el 15 de agosto, para preparar nuestros corazones y cuerpos hacia el encuentro definitivo con el Señor de los cielos. Mientras tanto, que podamos ejercer nuestra humanidad y fe como lo hicieron las mujeres en la Sagrada Escritura y experimentar aquí, en la tierra, lo que será nuestra felicidad en el cielo. Envíanos el talonario adjunto con tus intenciones lo antes posible. ¡Gracias!


Con mis bendiciones,