Tel. 787-764-6080

Orden de Frailes Menores Capuchinos

Custodia San Juan Bautista de Puerto Rico


Fray Jimmy Casellas, OFMCap.

Director Espiritual 

Asociación Misionera Capuchina

Queridos hermanos y hermanas:

¡Recibe un fraternal saludo!

¡Qué Papá Dios y Mamá María derramen sus bendiciones en ti y en todos tus afanes! Sí, así nos parece lindo comenzar esta “conversación” contigo, con la visión paternal y maternal de nuestra fe y de la base de nuestra Iglesia Católica.

A veces pensamos que una devoción es algo infantil o producto de una fe inmadura o incompleta. Podemos pensar esto pues nos dejamos llevar, en parte, por la opinión de algunos “entendidos” en la doctrina tradicional de la Iglesia, o por comentarios de otros que con un criterio ultra moderno minimizan lo creído. El Espíritu Santo nos ha dotado de seres maravillosos en esto últimos años de la historia de nuestra Iglesia, seres que hoy son santos del siglo XXI. Un ejemplo de lo que nos dice un santo contemporáneo sobre las devociones, San Juan Pablo II nos asegura: “Se trata aquí, no sólo de la doctrina de la fe, sino también de la vida de fe y, por tanto, de la auténtica espiritualidad, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven en los diversos pueblos de la tierra” (Encíclica Redemptoris Mater, n.48). San Juan Pablo II conoció de primera mano las realidades del mundo. En sus viajes apostólicos no sólo llegó a un país, sino que se introdujo de lleno en la realidad del mismo, visitando los espacios no turísticos de ese lugar y hablando cara a cara con los residentes de los mismos. Por eso tienen tanto peso estas palabras que nos refiere en la encíclica citada: fuente riquísima en la experiencia histórica. La experiencia de vivir y ser parte de la historia comienza, precisamente, en la intimidad de un hogar, luego en la comunidad, pasa a la ciudad y, finalmente, al mundo. Así fue la historia de San Juan Pablo II. ¿Sabes algo bien interesante? Esa relación que hemos establecido de la experiencia histórica que menciona el santo, es la tuya y la mía también.

No nací siendo un religioso y sacerdote, pero sí nací en el seno de una familia, un matrimonio, bien católico y sumamente practicante de la fe. Mis padres contrajeron nupcias en la parroquia San Antonio en Río Piedras (precisamente donde actualmente sirvo como párroco). La fecha de su boda es muy significativa: 24 de diciembre de 1953. Les hago una confesión. Cuando una pareja llega a nuestra oficina para comenzar los trámites pre matrimoniales y me dicen que quieren casarse en una fecha especial (como en Noche Buena) no me niego, aunque sea un día y fecha de mucho trabajo pastoral y litúrgico. ¿Por qué? Porque si el sacerdote que bendijo el matrimonio de papi y mami (de hecho fue un fraile capuchino, Fray Claro Noll) se hubiera negado, ni mis hermanos ni yo existiríamos hoy. Mis padres escogieron esa fecha por lo significativa de la misma, así como significativo era el acontecimiento que estaban por realizar. Así fue el comienzo de la familia de Ramón Casellas y Ana Rivera.Ambos supieron aportar lo mejor de sus personas. No digo lo perfecto de sus personas sino lo mejor, pues no quiero parecer demasiado pretensioso elevando a mis padres a la categoría de dioses del Olimpo. Hoy puedo decirlo de esa manera, con la madurez de los años y la admiración de siempre a dos seres únicos. Otra confesion: no siempre los vi así. Como cualquier persona pasé por las etapas de todo ser humano que, primero ve a sus padres como perfectos, luego como invasores de la privacidad y el crecimiento personal; para, finalmente verlos como unos seres humanos con mil virtudes y casi sin defectos. Dos recuerdos que permanecen en mi memoria como base de lo que soy hoy día llegan directos de mis padres. Siendo niños mis hermanos y yo, recuerdo que mami iba una vez a la semana a la iglesia que quedaba al cruzar la calle de nuestra casa a hacer una Hora Santa. Iba solita, sin más ayuda o compañia que su rosario y un devocional católico. Recuerdo que en una ocasión volvió muy emocionada porque el sacerdote llegó a la capilla mientras ella estaba en oración y celebró la misa, como nos relató mami con una sonrisa amplísima, “para mí solita”. Entiendo que mi devoción al celebrar la misa viene de ahí. Yo tendría a lo sumo 8 ó 9 años de edad, pero les aseguro que todavía veo la sonrisa y emoción de mami de su “misa solita”. Papi, tradicionalmente católico (hasta que participó en un retiro del movimiento de Cursillos de Cristiandad), no demostraba mucho su devoción, excepto en Cuaresma. Todavía puedo verlo sentado en un sillón del balcón de nuestra casa haciendo su examen de conciencia para ir luego a confesarse. Hoy, luego de haber estudiado cuatro años de teología más 30 y tantos años de ordenación sacerdotal, puedo decir que papi entendía este sacramento como nadie, posiblemente sin él mismo darse cuenta. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en los numeros 1423-1424 lo siguiente sobre el nombre del sacramento:  Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Marcos 1,15), la vuelta al Padre (cf Lucas 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado.

Se denomina sacramento de la penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador.

Se le denomina sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

Se le denomina sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente "el perdón [...] y la paz" (Ritual de la Penitencia, 46, 55).

Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: "Déjense reconciliar con Dios" (2 Corintios 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: "Ve primero a reconciliarte con tu hermano" (Mateo 5,24).

Gracias papi y mami porque en su sencillez y candor supieron transmitir calladamente las riquezas de nuestra fe y devoción, la profundidad de ser fieles a nuestros principios católicos, y la inmensidad del amor de Dios en la vida y la historia de este católico que hoy día es sacerdote del Señor. Papi está con Papá Dios (falleció en el 2006), mami está imitando cada día más a Mamá María, en la soledad y el silencio de mi hogar. ¡Benditos sean hoy, mañana y siempre!

Los Frailes Capuchinos queremos honrar a esas dos personas tan únicas e irrepetibles para ti, ¡tus padres! Llena el talonario adjunto a esta carta para que participes de las oraciones y misas dominicales que celebraremos desde el día 14 de mayo hasta el 18 de junio. 
Con mis bendiciones,