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MISIONES
Nuestro Carisma | Ministerios Capuchinos | Oración

"Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio"(Testamento de San Francisco, 14).

Somos hermanos, vivimos en fraternidad, oramos en particular y en común, compartimos nuestra mesa y nuestro tiempo, nos ayudamos a crecer, como en cualquier familia. Nuestras comunidades, llamadas fraternidades, son lugares alegres y hospitalarios. Somos una fraternidad evangélica, Jesús de Nazaret es nuestro modelo de vida simple y humilde entre la gente. La vida de Cristo, las Sagradas Escrituras, San Francisco y sus escritos son nuestra inspiración.

La Orden de Frailes Menores Capuchinos está organizada en pequeñas jurisdicciones geográficas llamadas Provincias o Viceprovincias. En la actualidad hay sobre 110 jurisdicciones en el mundo.

En Puerto Rico, los Frailes Capuchinos componemos la Viceprovincia de San Juan Bautista, en honor al santo patrón de la ciudad capital. Somos un grupo de 27 hermanos viviendo en 6 fraternidades a lo largo de la isla: Viejo San Juan, Río Piedras, Trujillo Alto, Barranquitas, Ponce y Utuado.

CARISMA

“La Regla y Vida de los Frailes Menores (Capuchinos) es esta: observar en Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad”(Regla de San Francisco).

¡Piedras y rocas! En un sentido, el carisma Franciscano comenzó con piedras y rocas. Estaba Fracisco, corriendo a la tienda de telas de su padre para vender rollos de tela. Necesitaba dinero para comprar piedras y rocas. La voz que había escuchado mientras oraba en las ruinas de la pequeñas capilla de San Damián era clara. Las palabras todavía resonaban en su corazón: “Francisco, reconstruye mi Iglesia, que está cayendo en ruinas”. Miró alrededor de la pequeña iglesia y notó que necesitaba ser reparada. Necesitaba algunas piedras y rocas. ¡Esto era simple de entender!

Sin embargo, el Señor tenía otro “reconstruir” en mente. Con el tiempo, la fe y la perseverancia, el llamado del Señor a Francisco tomó otro significado. Descubrió que estaba siendo llamado a una vida simple y alegre siguiendo el mensaje del Evangelio y renovándose como instrumento de renovación espiritual en la Iglesia Católica.

Francisco descubrió su amor verdadero. Había una nueva dama en su vida – la Dama Pobreza. Ella era el símbolo concreto de una relación personal, íntima y espiritual con Jesucristo. En respuesta a este amor, Francisco lo entregó todo. Quería seguir a Jesucristo en pobreza y humildad. Dejando a un lado las posesiones materiales, creó el espacio necesario para Dios y los demás hermanos y hermanas.

Francisco se encontró cada día más inmerso en la oración. Esta comunicación íntima y personal con Dios se convirtió en la pasión de su vida. Con frecuencia se encontraba “perdido en Dios”. Tan cierto era esto que un día, mientras oraba en el Monte Alvernia, Francisco tuvo una visión de un serafín (ángel de luz de siete alas) que aparecía crucificado. Cuando la visión terminó, Francisco tenía marcadas las huellas de la crucifixión en su cuerpo. Llevó las marcas de las estigmas de Cristo.

En sus propias palabras, “El Señor me dio hermanos”. Muy pronto, hombres de varias clases sociales se sintieron atraídos por la nueva visión de vida Evangélica que Francisco había abrazado. Se unieron en una verdadera fraternidad, una hermandad Evangélica. En esta pequeña banda de hermanos, dirigida por el pequeñito de Asís, se basa la semilla del movimiento espiritual que continúa hoy la misión de “reconstruir la Iglesia”.

“¡Reconstruye mi Iglesia!” Estas palabras todavía nos inspiran, retan y animan. Si también le hablan a tu corazón, quizás te nos puedes unir en el recaudo de piedras y rocas vivas, así nos ayudarás a reconstruir la Iglesia de hoy... y de mañana. Sólo tienes que “venir y ver”.

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MINISTERIOS CAPUCHINOS

“El principal apostolado del hermano menor es: vivir en el mundo la vida evangélica en verdad, sencillez y alegría. Dediquémonos gustosamente a cualquier ministerio y actividad apostólica con tal de que estén conformes con nuestra forma de vida y respondan a las necesidades de la Iglesia; y, siendo conscientes de la minoridad, asumamos generosamente aquellos ministerios que se consideran especialmente difíciles.” (Constituciones de los Frailes Capuchinos, 145)

Nuestro ministerio y nuestra vida van mano a mano. Nuestro ministerio principal, nuestro primer servicio a la Iglesia y al mundo es nuestra vida fraterna. Aunque cada fraile provenga de un lugar distinto, y tiene historia diversa, nos reunimos para tratar de vivir la vida Evangélica como verdaderos hermanos. En un mundo solitario y fragmentado, el Evangelio que nos llama a comunidad es un testimonio poderoso. Los frailes sirven igualmente en ministerios variados: predicadores, servicios fraternos, profesores, capellanes de hospitales, cárceles, instituciones sociales, administradores, párrocos, misioneros, enfermeros, directores espirituales, etc. Pero todos buscamos vivir juntos en fraternidad y apoyo mutuo, ayudándonos y animándonos mutuamente.

Como Jesús y San Francisco de Asís, quien deseó seguir al Señor es “sus huellas”, tenemos una preferencia para servir a los pobres y necesitados. Es en ellos donde encontramos y experimentamos la persona de Jesucristo de una manera peculiar.

Al final de su vida, San Francisco le dijo a los hermanos reunidos alrededor de su lecho de muerte: “Hice lo que tuve que hacer. Que el Señor les indique lo que deben hacer ustedes”. El Espíritu Santo todavía nos guía en el seguimiento del mensaje evangélico hoy día.

Nosotros los Capuchinos discernimos los signos de los tiempos y las necesidades de la gente de hoy. Esto nos ha llevado a nuevos e interesantes ministerios de evangelización. Este sitio web es sólo uno de ellos.

Lo que intentamos traer a nuestros trabajo, a nuestro ministerio es el carisma Franciscano Capuchino de vivir la hermandad Evangélica.

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ORACIÓN

“Conscientes del sentido católico de san Francisco, pidamos a Dios, al celebrar la Eucaristía y en nuestras oraciones por la santa madre Iglesia, por nuestros gobernantes, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero, y de una manera especial por la familia franciscana y por los bienhechores; encomendemos además a Dios, con piadoso afecto de caridad, a todos los difuntos”. (Constituciones Capuchinas #49)

San Francisco de Asís era un hombre de oración. Uno de los biógrafos primitivos se refería al hecho de que Francisco no tanto oraba, sino que se había convertido en oración.

Las Constituciones Capuchinas recogen este hecho de una manera especial: “La oración a Dios, como respiración de amor, comienza con la moción del Espíritu Santo por la que el hombre se pone interiormente a la escucha de la voz de Dios que habla al corazón.
En efecto, Dios, que fue el primero en amarnos, nos habla de muchas maneras: en todas las criaturas, en los signos de los tiempos, en la vida de los hombres, en nuestro propio corazón y, sobre todo, en la historia de la salvación a través de su Palabra.” (#45).

Para Francisco y nosotros, la oración a solas es necesaria. Todos necesitamos del silencio con Dios. Todos necesitamos tiempo para que su voz le hable a nuestro corazón en este mundo ocupado.

Por eso te invitamos a que seas parte de nuestra vida de oración – y en nuestras “respiración de amor” con Dios. Sus intenciones y necesidades especiales son importante para nosotros. En adición a nuestras oraciones diarias y la celebración Eucarística, celebramos varias Novenas y oraciones especiales a lo largo del año por las intenciones de nuestros amigos y amigas bienhechores.

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