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100 años de servicio en Puerto Rico

HISTORIA DE LA VICEPROVINCIA DE PR

VISIÓN GENERAL 1930-1980

Cuando los frailes Capuchinos de Alemania estaban sufriendo el “mal” de la actitud anticlerical de Bismarck en el siglo XIX, encontraron un refdugio en los Estado Unidos e iniciaron lo que son hoy las Provincias de San Agustín (Pennsylvania) y San Conrado (Kansas). Cuando el General Castro, dictador militar de Venezuela, empezó su campaña en contra de los frailes españoles en aquel país, estos encontraron un refugio en lo que había sido hacía solo siete años, territorio de España, y llegaron a Puerto Rico en el 1905.

En ambos casos el “mal” fue la ocasión de un gran “bien”. Las obras y la dedicación de los frailes de Castilla les ha sobrevivido y sus nombres se retienen en bendición. “La vida de estos pobres frailes fue una de acercamiento hacia su Divino Maestro y de una verdadera abnegación. La madre provincia española era muy pobre, y por lo tanto, los frailes enviados a Puerto Rico no podían esperar ayuda de sus superiores; pero su fervor apostólico les permitió dejar tres escuelas, una en Río Piedras, una en San Juan y otra en Utuado. También dejaron numerosas misiones y algunas iglesias parroquiales como testimonio de que ellos pasaron por aquí. En los rincones más apartados de los campos, a los largo de la costa del Atlántico, en los ocultos y apacibles pueblecitos del interior y en las ciudades vibrantes de vida, no se ha olvidado, a pesar de los 25 años de ausencia, es estos frailes españoles cuyo celo apostólico dejó en Puerto Rico un gran amor hacia Dios y una fe más honda”.

En 1930, los frailes americanos de la Provincia de Pennsylvania, por órdenes del Ministro General de Roma, asumieron el cargo de las obras de nuestros hermanos de España. Los frailes Gregorio, Roberto, Eugenio y Edmundo (sacerdotes), y David (hermano laico) llegaron en febrero; luego los frailes Wilfredo y Silvestre (sacerdotes), y el hermano Ottocar, en septiembre.

El apostolado comenzado por los frailes españoles lo continuaron los americanos por más de 50 años. Iglesias y capillas, escuelas y residencias se edificaron, se reconstruyeron o se agrandaron. En 1941, asumieron la dirección de la parroquia de Trujillo Alto.

En el mismo año, 1941, aceptaron la dirección de la parroquia de Santa Teresita en Ponce. Unos años más tarde, esa parroquia fue dividida, formando una parroquia nueva, la de san Conrado, puesta también al pastoreo de los Capuchinos.

A lo largo de los años, los frailes americanos estuvieron en varias parroquias que, hoy día, están bajo la dirección del clero diocesano o de otras órdenes religiosas. San Conrado en Ponce, San Joaquín en Adjuntas, Santa Cruz en Trujillo Alto, Altagracia y Sagrada Familia en Río Piedras. En todos estos lugares, la semilla del espíritu capuchino se sembró y quedó como cimiento para la evangelización.

Desde la llegada de los frailes americanos, hubo un intento de promover las vocaciones nativas a la vida capuchina. En otras palabras, tener Capuchinos puertorriqueños. El gesto más importante ocurrió en el 1978 cuando el capítulo viceprovincial decidió que toda la formación se efectuara en suelo borincano. El noviciado en Utuado se reactivó, formando a jóvenes puertorriqueños a la vida capuchina.

VISIÓN GENERAL 1980-2005

Actualmente la Viceprovincia de San Juan Bautista de Puerto Rico está compuesta por seis fraternidades, desempeñando varios ministerios, según el espíritu de San Francisco y las necesidades locales expresadas por el Ordinario de la Diócesis donde servimos.

Gracias a la iniciativa de fray Joseph Schreck, Viceprovincial en el 1978, se establece el curriculum de formación en Puerto Rico con e postulantado en Ponce, el noviciado en Utuado y el posnoviciado en Río Piedras. Los estudiantes de teología comenzaron sus estudios en la escuela de teología de los Padres Dominicos en Bayamón.

En la década de 1960 habíamos cosechado dos vocaciones nativas: fray Bernardo de Utuado (1961) y fray José Enrique de Coamo (1965).

En la década de 1970 nuevamente somos bendecidos con nuevas vocaciones: fray Ramón de Country Club, fray Jaime de Quebradillas, y fray Francisco de Marianao (Cuba), siendo éstos los últimos en recibir la formación en los Estados Unidos.

El 1980 marcaría una década de nuevas brisas y estusiasmo, dando continuidad al trabajo, sacrificio y esfuerzos de frailes que se entregaron en cuerpo y alma y gran tesón a implantar la Orden Franciscana Capuchina en Puerto Rico.

La semilla que por largos años se habúa sembrado, comenzaba a dar sus frutos y la cosecha no se hizo esperar y somos bendecidos con las primeras profesiones al igual que Ordenaciones al diaconado y al sacerdocio.

En los albores del nuevo milenio, el Capítulo Viceprovincial de 2002 hace historia, siendo el primer Viceprovincial un puertorriqueño, fray Alberto de Guaynabo. Junto a él, como miembros de su consejo, fray Roy de Río Piedras y fray Ramón de Utuado.


 

 
     
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